viernes, 26 de febrero de 2016

DIENTILECHE " EL PAÍS DE LOS NIÑOS"Un cuento mágico en formato de Ebook, listo para imprimir, imaginar e ilustrar)


**Dedicado con amor a Manu, un Dientileche "especialmente hermoso"que en este País mágico fue feliz **

Un cuento mágico en formato de Ebook, listo para imprimir, imaginar e ilustrar)
Olga Isabel Román
Esquel – Chubut – Argentina
2010/2016.
Solicitalo vía mail a : danielgalatro@gmail.com

miércoles, 15 de octubre de 2014

La caja azul - Índice - Daniel Galatro




Prólogo (antes de que comience la historia):



Capítulo 1: 


Capítulo 2:
http://lascuevitasdelratonperez.blogspot.com.ar/2014/10/la-caja-azul-2-daniel-galatro.html



Capítulo 3:




Capítulo 4:




Capítulo 5;
http://lascuevitasdelratonperez.blogspot.com.ar/2014/10/la-caja-azul-5-daniel-galatro.html



Capítulo 6:
http://lascuevitasdelratonperez.blogspot.com.ar/2014/10/la-caja-azul-6-daniel-galatro.html



Capítulo 7:
http://lascuevitasdelratonperez.blogspot.com.ar/2014/10/la-caja-azul-7-daniel-galatro.html



Capítulo 8:
http://lascuevitasdelratonperez.blogspot.com.ar/2014/10/la-caja-azul-8-daniel-galatro.html



Capítulo 9:
http://lascuevitasdelratonperez.blogspot.com.ar/2014/10/la-caja-azul-9-daniel-galatro.html



Capítulo 10:
http://lascuevitasdelratonperez.blogspot.com.ar/2014/10/la-caja-azul-10-daniel-galatro.html



Capítulo 11:
http://lascuevitasdelratonperez.blogspot.com.ar/2014/10/la-caja-azul-11-daniel-galatro.html




Capítulo 12:
http://lascuevitasdelratonperez.blogspot.com.ar/2014/10/la-caja-azul-12-daniel-galatro.html



Capítulo 13:
http://lascuevitasdelratonperez.blogspot.com.ar/2014/10/la-caja-azul-13-daniel-galatrolca13.html



Capítulo 14:
http://lascuevitasdelratonperez.blogspot.com.ar/2014/10/la-caja-azul-14-daniel-galatrolca.html



Capítulo 15:
http://lascuevitasdelratonperez.blogspot.com.ar/2014/10/la-caja-azul-15-daniel-galatro.html



Epílogo (el final del cuento):
http://lascuevitasdelratonperez.blogspot.com.ar/2014/10/la-caja-azul-epilogo-daniel-galatro.html


La caja azul - Epílogo - Daniel Galatro



16

Pero todavía nos iba a suceder una última cosa sorprendente en ese día. Al entrar en el aula, a pesar de todo el tiempo que creíamos haber perdido en nuestra aventura, la portera estaba sirviendo enormes tazones de café con leche.

¿Y saben qué había preparado para acompañarlo?
¡Una torta riquísima toda bañada con crema y chocolate!



Esto que yo te he contado
quizá nunca sucedió.

O tal vez sí, ¿quién lo sabe?

A mí misma me ocurrió
(si es que pasó alguna vez
lo que creo que pasó).

Esto que yo te he contado
de esta forma… terminó.


FIN

Daniel Aníbal Galatro

La caja azul - 15 - Daniel Galatro




15

Busqué la manito de Marina y la apreté fuerte. Algo poderoso nos hizo cerrar los ojos sin que pudiese evitarlo.

Ya no pude abrirlos por un largo rato.

Todavía tenía los ojos cerrados cuando una claridad me hizo comprender que no estábamos en el mismo lugar, en ese lugar tan extraño en el que Dios nos había hablado.

Pero no necesitaba ver para darme cuenta de que habíamos regresado al punto de partida. Me bastaba solamente escuchar los trinos de los pájaros amigos, percibir el aroma de los pinos cercanos.

Mantenía aún apretada la mano de Marina.

Poco a poco levanté los párpados dejando que se descorrieran como un velo para dar paso al paisaje familiar.

-¡Volvimos! – fue la primera exclamación de mi hermanita.

Nos quedamos mirándonos por un momento. Luego ella sonrió.
-¡Volvimos! – repitió.

Delante de nosotros, la caja azul. La observé atentamente. Sus vidrios con números detrás, sus letras raras esparcidas por todas partes, sus botoncitos de colores.
Marina se puso de pie.

-¡Vamos, Cecilia! ¡Vamos! – me decía al tiempo que tironeaba de mi brazo para obligarme a seguirla.

La caja azul. Los botoncitos. Había apretado el verde y eso nos llevó a vivir una aventura fantástica: la torre altísima, la casita metálica, la Luna… ¡hasta habíamos hablado con Dios!

-¡Vamos, Cecilia! – repitió Marina.

Había otros tres botoncitos en la caja. Uno blanco, otro amarillo, otro celeste. ¿Qué ocurriría si apretaba alguno de ellos?

-¡”Cuidado! ¡Eso está mal!” – dijo una voz dentro mío.

-“No seas tonta” – replicó otra vocecita que salía quizás del mismo lugar. – “No hay peligro.”
Reconocí al angelito y al diablito de los que Dios me había hablado.

-“Cecilia, no seas desobediente. Debes seguir tu viaje hacia la escuela.”

-“¡Qué tontería! ¡Con lo emocionante que puede ocurrir si aprietas otro de esos botoncitos!”

-¡Cecilia! ¡Vamos! ¿Qué estás mirando? – dijo Marina interrumpiendo esa conversación que solamente yo oía.

-“Hay que vencer al diablito en todos los momentos de todos los días” – pareció repetir en mis oídos la voz de Dios.

Entonces tomé la gran decisión. Me puse de pie. Busqué mi bolsita con el guardapolvo y las zapatillas nuevas. Cuando miré a mi hermanita ella sonreía.

-¿Vencimos al diablito? – preguntó.

Yo sonreí también.

-Sí. Lo vencimos.

Comenzamos a caminar hacia la escuela. Luego de dar unos cuantos pasos volvimos la cabeza para ver por última vez la caja azul.

Ya no estaba allí. Había desaparecido.

---
Volver al Índice:
http://lascuevitasdelratonperez.blogspot.com.ar/2014/10/la-caja-azul-indice-daniel-galatro.html


La caja azul - 14 - Daniel Galatro



14

-Soy Dios – dijo la luz.

Mamá nos habló de Dios desde que éramos muy niñas. También lo hizo el padre Ramón cuando unos meses antes había asistido a las clases de catecismo para tomar luego mi Primera Comunión. 

Sabía bien que Dios era unas veces un anciano de rostro serio y bondadoso; otras, un hombre joven de barba que había muerto en la Cruz para salvarnos; otras, una paloma. 

Pero, ¿un pequeño sol podía también ser Dios?

-¿Dios? – me dije no muy convencida.

La luz que destellaba cerca de nosotras pareció adivinar mis pensamientos.

-¿Por qué no crees que puedo ser Dios? – me recriminó.

No respondí.

-¿O crees que siendo Todopoderoso no puedo tomar el aspecto que desee en el momento que así lo juzgue conveniente? Dios, mis pequeñas, no tiene realmente una forma determinada.

-“Entonces” – pensé – “el padre Ramón no me dijo la verdad”.

La luz continuó:

-Algunas veces debo tomar la apariencia de un anciano, de un joven o de una paloma. Pero es solamente para que los hombres puedan formarse una idea más clara de mí. Para que puedan comprender mejor lo que quiero enseñarles. Ahora, como ven, soy una luz brillante que les trajo una esperanza en medio de la oscuridad en que se encontraban.

Marina se atrevió a iniciar un interrogatorio. Parecía haber recobrado la tranquilidad quizás porque su edad le permitía aceptar los hechos más fácilmente. Tal vez porque algún día había imaginado a Dios como una estrella o como un sol.

-Entonces, si usted es Dios, ¿nos morimos?

-Puede que sí, puede que no. Ustedes, los seres humanos, dan demasiada importancia a eso que llaman muerte. Pero es apenas un cambio de vida. Después de ella hay mucho más de lo que suponen.

La dulzura de esa voz me había inundado. Ya no sentía temor. Busqué entonces respuesta para la duda que tenía desde el comienzo de nuestra aventura.

-¿Qué nos ocurrió? ¿Por qué estamos aquí?

La voz plena de ternura volvió a oírse.

-Algo muy especial. De vez en cuando me doy a conocer a los seres humanos. A un hombre, a una mujer…, ahora a dos niñas curiosas que no resistieron la tentación de jugar con una caja azul encontrada camino a la escuela.

-¿La caja azul? ¿Usted la puso allí? – pregunté.

-Sí. La caja azul, el camino, los árboles, la escuela, tu casita, tus padres. Todo lo he puesto yo allí en la vida para que tú lo encontraras.

A Marina pareció no gustarle la explicación.

-¿Cómo, ella? ¡Si yo también encontré la caja! ¡Y el camino, y mis padres, y todo lo demás!

-Por supuesto. Tú también. Por eso estás aquí. Porque también tenía algo que decirte.

Quedamos en silencio aguardando que la voz continuara. Estaba emocionada, muy emocionada. ¡Imagínense! ¡Estaba delante de Dios! ¡Y Dios tenía algo importante que decirme!

-¿Recuerdan que la caja azul tenía varios botones? Tú, Cecilia, apretaste el primero de ellos. ¿Y qué ocurrió?

Pensé un momento. Luego respondí:

-Aparecimos en un lugar extraño cerca de una torre muy alta. No debí apretar ese botoncito, ¿verdad?
-Muchas veces los niños hacen cosas que no deben. Pero los grandes también hacen esas cosas. Hay algo en su interior que los lleva por el mal camino.

Mi hermanita, con los ojos muy abiertos, seguía atentamente el diálogo.

-Pero, si usted hizo a los hombres, ¿por qué les puso ese diablito dentro?

-Porque hubiera sido muy sencillo para ellos portarse bien si no sintieran la tentación de portarse mal. Y entonces deben vencer ese diablito todos los días, para que puedan elegir. Si no existiera lo malo, ¿cómo sabrían qué es lo bueno?

Me sentía muy triste. El diablito que vivía dentro mío había triunfado haciéndome apretar el botoncito verde.

-Ustedes no obedecieron los consejos de papá y mamá. Ellos les dijeron muchas veces que no tocaran lo que no debían. Sus padres tenían razón. Son mis representantes en la Tierra y era yo mismo quien les hablaba a través de ellos. Pero la experiencia que tuvieron les hizo pensar muchas veces en no hacerlo más, ¿no es cierto?

Bajamos la cabeza demostrando que sí habíamos sentido esos remordimientos.

-Junto al diablito, muy dentro de ustedes, también he puesto un angelito. Es esa voz que oyen cada vez que van a hacer algo malo. Ésa que les dice: “¡Cuidado! ¡Eso está mal!”. ¿La han oído?

-Muchas veces – respondí – pero no siempre le hice caso. La próxima vez…

Dios me interrumpió.

-La próxima vez… Todos dicen lo mismo. Pero ustedes tienen mucha suerte. Casi siempre que me encuentro con un ser humano es porque ya no volverá a la Tierra. Es cuando ustedes dicen que ha muerto. Entonces ya no tiene próxima vez para corregirse. Sin embargo ustedes podrán volver a su casita, junto a sus padres. Y a la escuela.

La alegría nos hizo sonreír. Volví a ponerme seria y dije con decisión:

-Le prometo que cuando volvamos no haremos caso de la voz del diablito. Le prometo…

Esta vez Dios tampoco me dejó terminar.

-No prometan nada. Regresen a la Tierra y procuren hacer siempre lo que está bien. Todos los momentos de todos los días.

Iba a responderle que estaba segura de que nunca más iba a desobedecer pero la luz se apagó de pronto.

Bienvenida Alma!!!

Bienvenida Alma!!!

Ellos son niños como ustedes!!!!!

de yo amo a la Tv y a los niños

de yo amo a la Tv y a los niños
fotos:Misolandia

Dejar un comentario es una forma de decir Gracias!!

Todo chico debe ser sagrado

Todo chico debe ser sagrado

No lo olvides

No lo olvides

Que no te usen para agredirse

Que no te usen para agredirse