04 ¡Y, bueno, otra vez será!

Y, de repente, lo despertó un ruido muy fuerte.


¡Crack!

Era el velador de su mesa de luz que había caído al suelo, roto en cinco pedazos.

“¡Está aquí! ¡Está aquí!” – comenzó a gritar.

Eran tan, pero tan fuertes los gritos de Fito que todos los vecinos que acampaban en su jardín también despertaron sobresaltados.

Fito estaba tan, pero tan feliz porque su amigo lo estaba visitando que cantaba y gritaba de alegría para que todos lo oyesen y compartieran la noticia.

Cuando al fin giró su cabeza para hablar con el Ratón, éste había desaparecido, rápido como un rayo. (Porque los rayos son muy rápidos, ¿sabías?)

“¡Y, bueno! ¡Otra vez será!” – se dijo sonriendo. - “Tendrá mucho trabajo hoy en el mundo, visitando más niñitos. ¡Él es de todos, no sólo mi amigo! Y yo sé compartir. Pronto se me caerá otro dientecito, y esta vez sí podré hacerle la gran pregunta.”

Se acercó tímidamente a su almohada para retirar, como muchas otras veces, el regalito que sabía le había dejado su amigo Ratón.

Pero eso no era lo que más le interesaba. Lo que sí quería saber de la propia boca ratonesca:

¿Qué hace el Ratón Pérez
con los dientecitos
de todos los niños del mundo?

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