14 Fito obtiene respuestas

Acomodándose para dar una explicación a Fito y a los demás niños montados en la Rueda de la Vuelta al Mundo, y haciendo una seña al anciano para pedirle que esperara un poco antes de cobrar, el Ratón Pérez comenzó su pequeño discurso:


-“Queridos niños: aquí en el País de Dientileche todos los niños son iguales, y por lo tanto todos tienen que pagar sus juegos, diversiones, y lo que quieran disfrutar. Pero aquí todo es mágico, sólo aceptamos sonrisas brillantes como pago. No existe el dinero.”

Fito, los Manu, Bryan, Camila, Abril… todos, se largaron a reír. Podían seguir jugando junto al Ratón y a sus amigos pues ninguno de ellos había olvidado en su casa la cajita de porcelana blanca llena de sonrisas. Llaman la atención del viejecito y, cada uno desde su asiento en la Rueda, le envía el valor de su boleto, es decir, una mágica sonrisa brillante y voladora.

Cuando la Rueda comienza a girar, todos saludan felices al que ahora saben que será el cobrador de los juegos del Parque. Pero a Fito le quedaban dudas acerca del bastón y de la caries del anciano, y nuestro amiguito no soportaba nunca que no le aclararan algo. Aunque ahora ya creía comenzar a comprender no solamente estas pequeñas cuestiones sino la principal que buscaba desde hacía mucho:

¿Qué hace el Ratón Pérez con los dientecitos
de todos los niños del mundo?

-“Entonces ya tengo la respuesta a la gran pregunta. Los coleccionas para construir el País de Dientileche.” – dijo al Ratón, a lo que éste replicó sonriendo: -“Exacto, amiguito, exacto.”

Fito, deslumbrado y con una sonrisa de oreja a oreja por descubrir el secreto, continuó diciendo: “-Y por eso vemos que hay personas como este viejecito con cabeza de muela careada, y como los Payamédicos…” – agregó exaltado mientas Pérez continuaba asintiendo con la cabeza y los otros niños gritaban: “¡Bien, Fito, bien!”

El Ratón Pérez completó su relato. –“Chicos, hay dientes y muelas de todas la generaciones: de sus papás, de sus abuelos, de sus bisabuelos,… Aunque ustedes no lo crean, las personas grandes fueron alguna vez dientileches como ustedes. Y antes no sabían cuidarse como ustedes ahora: no se cepillaban los dientes varias veces al día, comían muchos dulces y poca fruta, no visitaban con frecuencia a su odontólogo amigo… Y no solamente se cariaban sus dientes sino además esto les provocaba otras enfermedades. Por eso encontrarán aquí no sólo dientecitos de los niños sanos sino también de los que ya no son niños y de los que no fueron tan sanos. El País de Dientileche está siendo construido con todos los dientecitos de los niños del mundo, de ayer, de hoy y de mañana.

Los niños exclaman a coro: -“¡Gracias, Pérez, te queremos! ¿Podemos seguir con la visita? ¡Esto está genial!”

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